Terminar con las guardias médicas de 24 horas: un objetivo “idílico” pero “complicado” | Sociedad

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Las guardias médicas de 24 horas son “anacrónicas” y el propósito del Ministerio de Sanidad es regularlas para acabar con ellas a lo largo de esta legislatura. Esta intención, expresada el fin de semana por la titular de la cartera, Mónica García, responde a una demanda que muchos profesionales —y ella misma— llevan años reclamando. Pero las guardias forman parte del engranaje de los hospitales y de una importante porción del sueldo de muchos médicos. Acabar con ellas, en el mejor de los casos, es “muy complicado” y requiere una gran cantidad de recursos, según sindicatos médicos y expertos consultados por este periódico.

Existen buenos argumentos para buscar otros sistemas. En una sociedad que aspira a trabajar menos horas para conciliar la vida laboral y personal, los médicos que hacen guardias superan las 50 horas de trabajo semanales; está demostrado que después de horas seguidas de trabajo y falta de sueño se cometen más errores, lo que puede perjudicar al paciente, pero también a los propios facultativos, que multiplican por 2,3 las posibilidades de sufrir un accidente de tráfico cuando salen del trabajo después de 24 horas seguidas, según un estudio.

Un buen número de médicos se está organizando para abolir este sistema, bajo el lema “No podemos más”. En la plataforma Change.org llevan recogidas más de 82.000 firmas. Así explica la situación Tamara Contreras, especialista en Medicina Intensiva y promotora de la iniciativa: “Estás muy grave y te ingresan en la UCI. Un médico tiene que tomar ya una decisión que supondrá que vivas o mueras. ¿Prefieres un médico despejado o uno que lleva 20 horas sin dormir?”.

Contreras pone el siguiente ejemplo: “Anoche, el busca del hospital sonó a las tres de la mañana, me temblaban las piernas del cansancio y el estrés. Un chico de 21 años politraumatizado se desangraba. Cinco minutos antes soñaba no recuerdo el qué, y de repente le estaba canalizando para transfundirle sangre e intubándole para evitar una parada cardiaca. A las siete de la mañana conseguimos que se estabilizara”.

Una encuesta de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos de 2022 mostraba que el 87% de los médicos realizan guardias, aunque prácticamente un 60% de ellos preferiría no hacerlas. Aunque a partir de los 55 años son voluntarias, un 70% continúa, seguramente porque más de un tercio del sueldo puede depender de ellas, según cálculos del sindicato CSIF.

Y eso, a pesar de que “están muy mal pagadas”, según Víctor Pedrera, de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). La retribución para los médicos adjuntos un día normal son entre 20 y 30 euros brutos por hora, según la comunidad autónoma, que se quedan en poco más de la mitad tras impuestos. “Son horas extra que se pagan por debajo de lo que deberían porque se suponía que la guardia era una forma de tener al médico localizado por una expectativa de atención. Pero la realidad demuestra que para muchas especialidades, no es expectativa, sino atención continuada”, señala.

Pedrera cree que las intenciones de la ministra son buenas, pero que tendrían que ir acompañadas de un “aumento radical” de la inversión para “adecentar” el salario de los médicos, que “puede parecer alto, pero buena parte se debe a las guardias”. Lo contrario, en opinión de José Frías, de CSIF, podría ser contraproducente: “Estamos con falta de médicos, sobre todo en primaria, en muchas ocasiones porque se van en busca de mejores condiciones, y esto puede acrecentar esta escasez si hay una bajada de salarios”.

El otro problema con el que se encuentra la eliminación de las guardias es la organización. “Haría falta un aumento enorme de las plantillas”, coinciden ambos sindicalistas. “La atención sanitaria es necesaria las 24 horas al día y si eliminas las guardias vas a tener que contratar a profesionales para que cubran esos turnos”, dice Frías, que considera la propuesta “idílica” pero “muy complicada, por no decir imposible”.

Tomás Cobo, presidente de la Organización Médica Colegial, opina que para completar este cambio primero habría que realizar un estudio para evaluar las necesidades según las especialidades y según los servicios en cada hospital. Porque no todas hacen guardias y, entre las que hacen, no todas tienen la misma intensidad. “Hay que ver las incidencias que hay en cada servicio, comprobar cómo están funcionando las guardias localizadas y hacer un diagnóstico con todo esto para ver cómo se puede abordar”, indica Cobo.

El presidente de los médicos sabe bien de lo que habla: como la ministra, es anestesista, una de las especialidades que tienen que estar cubiertas sí o sí las 24 horas del día. “En esta profesión tienes también que saber que no puedes tener unas horas clavadas; si estás en medio de una operación no te puedes ir, no puedes hacer turnos, como por ejemplo sí hace el personal de enfermería”, señala.

Con estas salvedades, Cobo admite que tampoco tiene sentido que un cirujano haga una operación de 12 otras y luego se meta en otra que va a durar lo mismo: “No es lógico que los conductores profesionales tengan un tacógrafo porque tienen que descansar cada X horas y que nosotros podamos estar 24 seguidas”.

Guardias de 12 horas

Existen alternativas intermedias, como las 12 horas que tiene implantado desde hace tiempo Reino Unido y al que han transitado otros como Francia o Islandia. Otros, como Portugal y Alemania, mantienen un sistema similar al español.

Sergio García Vicente, de la Asociación de Economía de la Salud (AES), cree que estas 12 horas podrían ser una solución, pero que para ello sería necesario reestructurar el personal y, para eso, antes habría que hacer un estudio de las necesidades de cada servicio, tal y como planteaba Cobo, analizando si todos los médicos que están haciendo guardias son necesarios para dar una atención continuada 24 horas al día, siete días a la semana. “Es imposible quitar las guardas con el personal que hay; no puedes hacer un decreto para suprimirlas sin antes tener en cuenta todo esto”, señala.

En los casos en los que sea posible, la experiencia de fragmentar los turnos a un máximo de 12 horas “funciona”, defiende García de Vicente, “incluso atrayendo a talentos y mujeres, ya que permite un mínimo nivel de conciliación personal y, familiar si es el caso”.

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