¿Es un tomate ecológico francés mejor que uno español? | Clima y Medio Ambiente

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Los productos ecológicos ―también llamados biológicos (bio) u orgánicos― han entrado de lleno en la crisis abierta por los agricultores franceses en la que los transportistas españoles están siendo atacados. Las declaraciones de Ségolène Royal, ministra francesa de Ecología, Desarrollo Sostenible y Ecología de 2014 a 2017, en las que aseguró que los productos biológicos españoles son falsos y que los tomates, en particular, son incomestibles, han desencadenado una fuerte reacción del sector. “¿Han probado los tomates bio españoles? No se pueden comer. Son falsos bio. Estos falsos bio no respetan las normas fijadas por Francia”, aseguró. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, respondió este jueves a lo que calificó de “crítica infundada” de la exministra. Sánchez la invitó a visitar España para probar cualquiera de las variedades de tomate español, porque es un producto “imbatible”. Ecovalia, la asociación profesional de la producción ecológica, ha anunciado por su parte que denunciará a Royal ante la Fiscalía General del Estado y la Comisión Europea.

¿La agricultura ecológica española se rige por la misma normativa que la del resto de la UE?

La normativa de producción ecológica es la misma en toda la Unión Europea. Está regulada por un reglamento comunitario base 2018/848 y es de aplicación directa en todos los Estados miembro de la UE. Por lo tanto, los requisitos de producción y de control son iguales para todos, aclara el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Agence Bio, el organismo público francés encargado del desarrollo y promoción de los productos ecológicos, aclaró ayer a EFE que “un producto con etiqueta bio es bio, venga de Francia, de España o de terceros países europeos”. No contiene ni químicos sintéticos, organismos genéticamente modificados, colorantes, aromas químicos sintéticos ni modificadores de gusto, añade la agencia.

Helena Moreno, coordinadora del sistema alimentario sostenible de Greenpeace, asegura que estas manifestaciones “generan desconfianza” en un procedimiento que se aplica por igual en la UE. “Existen una serie de estándares, como la eurohoja [etiqueta por la que se reconoce un artículo bio], donde aparece el código del organismo de control y el lugar de procedencia”, describe. “Ese tipo de comentarios”, continúa, “que se deben a una postura política, desacreditan no solo a los agricultores españoles sino a la Unión Europea, porque parece que sus reglamentos no se aplican bien”.

¿Qué se exige a una explotación agrícola para ser certificada como ecológica?

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Existen unas entidades certificadoras que verifican si las empresas cumplen o no la normativa, que varía si se refiere a producción vegetal o animal. Antes de obtener el documento de productor ecológico, una explotación agrícola debe pasar un periodo de conversión, el tiempo necesario para que un producto convencional pase a ser orgánico. “Para una finca de tomates o cereales, son dos años” hasta que se pueda decir que lo que se recolecta cumple todos los puntos de la normativa, indica Álvaro Barrera, presidente de la asociación de producción ecológica Ecovalia. Para los animales también son dos años y para otros cultivos, como frutos secos, cítricos u olivar, son tres años.

¿Se llevan a cabo inspecciones?

Sí, es la forma de verificar la normativa y que se emita el certificado. La UE establece como mínimo un control oficial a cada operador al año y que, al menos, el 10% de los controles sean sin previo aviso. En la inspección se controlan las entradas y salidas de fertilizantes, fitosanitarios, piensos, semillas, granos, animales, plantones… y las salidas de los productos, y además se audita que el campo esté libre de los productos prohibidos. Y, por último, se pueden tomar muestras para verificar en un laboratorio independiente, acreditado por el Estado miembro, explica Barrera. Los últimos datos del Ministerio de Agricultura muestran que a finales de 2022 se habían realizado 69.397 controles a los 61.065 operadores certificados en producción ecológica. En estas inspecciones se tomaron 6.330 muestras sospechosas para su análisis en laboratorio al 10% de los operadores. Se detectaron 1.894 (2,7%) incumplimientos demostrados, de los cuales acabaron en expediente sancionador 87. Los defectos en la documentación son la infracción más frecuente, pero también se detectaron 720 con restos de residuos fitosanitarios o sustancias no autorizadas.

La agricultora Esther Molina cultiva dos hectáreas y media de tomates en invernadero en Níjar (Almería) y explica que le realizan inspecciones de la Junta de Andalucía. “Pueden venir en cualquier momento y tienen acceso a las facturas, compras y tienen la posibilidad de analizar todo”, responde. Además, dos veces al año recibe otra visita de los certificadores de ecológico que vigilan “desde el agua a los productos que utilizo”. Molina pertenece a una cooperativa que vende en toda Europa y “son mercados muy estrictos, hay supermercados que tienen su propio equipo de calidad”. “Estoy indignada, una persona debe decir algo basado en la realidad, ha salido en todas partes, hoy las redes vuelan”, lamenta.

¿Saben igual los tomates ecológicos?

Las manifestaciones de Royal de que los tomates españoles bio son incomestibles han generado, a su vez, una desconfianza en la calidad del producto. La agricultora almeriense Esther Molín se indigna y responde que el sabor depende de las variedades. Ella cultiva tres: “El amarillo y el cóctel son muy ricos”. Apunta, además, a que cuando se envía un producto fuera de España no existe la posibilidad de dejarlo madurar del todo en la mata, y si se mete en frigorífico pierde sabor. “Pero eso pasa en agricultura española y en la francesa, no tiene que ver con la forma de producción”, concreta.

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